Las subculturas, por general, son juzgadas a partir de su apariencia. A veces olvidamos que surgen gracias a movimientos sociales y políticos de gran relevancia. Ese fue el caso de Kolombia, un movimiento que nació en Monterrey durante la segunda mitad del siglo XX, como consecuencia de la inmigración de población colombiana y, con ella, su representativo género musical de la cumbia que, al mezclarse con el vallenato y el porro, dieron como resultado la cumbia rebajada, el elemento distintivo que unía a quienes pertenecían a estos grupos, un tema, por cierto, que dio vida a la película Ya no estoy aquí.

Ya no estoy aquí” es la nueva historia mexicana que ha llamado la atención de amantes del cine independiente, e incluso de los que no lo son tanto, por igual.

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Dirigida por Fernando Frías de la Parra, un cineasta mexicano emergente cuyo trabajo suma los filmes ‘Rezeta’ y ‘Los Spookys’, su última propuesta ha sido homenajeada en México y el resto del mundo, haciéndola acreedora diversos premios.

Y claro, tampoco podemos pasar por alto que “Ya no estoy aquí” es la película más vista en Netlix por estos días.

“Ya no estoy aquí”, una vista muy diferente de ese México en el que vivimos

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Este filme realista, crudo y, a la vez, fascinante, es una ventana hacia los adentros de una subcultura que fusiona a México y Colombia a través de la música, una corriente que hay que comprender y, por supuesto, merece toda la pena analizar como parte de nuestra identidad e incluso su influencia en la moda.

La trama de Ya no estoy aquí  cuenta la historia de Ulises, un adolescente de 17 años que lidera una pandilla de jóvenes llamada ‘Los Terkos’, quienes se dedican a caminar por las calles de Monterrey para mostrar sus pasos de baile al ritmo de la cumbia rebajada, un subgénero musical nacido en la capital regia que fusiona los ritmos de la cumbia colombiana y la mexicana.

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Se retrata, incluso en ocasiones a modo de documental, una de las muchas realidades que se vivieron en México durante la llamada ‘guerra contra el narcotráfico’ y cómo la vida de su protagonista se ve mermada ante un enfrentamiento entre carteles por el que termina trasladándose a Nueva York, una ciudad desconocida, con un idioma y costumbres extraños para un joven que se aferra a su identidad cultural con todas sus fuerzas.

Actores que en realidad no son actores

Una de las peculiaridades del filme es que cuenta con un elenco compuesto por jóvenes que no son actores profesionales, son adolescentes que se identifican con la cumbia rebajada y han vivido situaciones muy similares a la de sus personajes.

Crítica Ya no estoy aquí

Ulises es interpretado por el músico Juan Daniel García, mientras que el resto de la pandilla cuenta con las participaciones de Coral Puente, Leonardo Garza, Jonathan Espinoza, Fany Tovar, Yahir Alday, Deyanira Coronado, Luis Leonardo Zapata, Yocelin Coronado y Laura Yamileth Aldai García.

Todo lo anterior nos ayuda a adentrarnos en esta subcultura plagada de ritmo y colores que, por desgracia, se vio minimizada y estigmatizada con la ‘guerra contra el narcotráfico’, pues sus integrantes eran asociados con la delincuencia organizada.

Crítica Ya no estoy aquí

Esto no impidió que se desarrollaran códigos de lenguaje y simbolismos entre sus adeptos. Las escenas de baile de esta cinta son las más destacadas, en las que vemos a ‘Los Terkos’ enfundados en prendas de vivos colores oversize, pantalones baggy en los hombres, culottes en las mujeres, paliacates atados a sus cabezas, tenis Converse con agujetas a tono con sus prendas; todo esto bailando al ritmo de la cumbia y, de fondo, la industrializada ciudad de Monterrey, vista desde algunas de las zonas más marginadas de esta urbe localizada al norte de México.

Otra buena razón para ver este filme es la enseñanza que el personaje de Ulises aporta sobre el arraigo cultural. En Estados Unidos y rodeado de prejuicios sobre su apariencia, el joven se aferra a su pasión por la música y los signos de identidad que forman parte de su esencia, pero con un mensaje final acerca de la resiliencia a los cambios.

Una película que, definitivamente, tienes que ver.